Estoy en ese momento, uno de mis favoritos el cierre del día.
Me preparo para dormir y después de lavarme la cara y los dientes, des tiendo la cama, me acuesto, siento la almohada y las sabanas suavecitas.
 
Respiro.
Y es justo aquí, este momento en el que comienzo a relajarme, a soltar-me, a recordar y recapitular un día más.
Cierro los ojos, comienzo a respirar cada vez más lento, empiezo a concentrar mi atención en el aquí y el ahora.
Y de pronto sin mucho planearlo aparece enfrente de mí una mujer, no puedo verla tan claramente está un poco borrosa pero alcanzo a percibir nostalgia en su rostro, su ropa no tiene mucho color, esta delante de mí y aunque ella no ha dicho nada sé perfectamente que necesita un fuerte abrazo. Uno de esos que sé por intuición que nadie más puede darle, uno tan grande que la recargue, que poco a poco pinte su ropa de color, uno que le entregue un cofre lleno de buenos recuerdos.
Un abrazo cargado de sonrisas y hoy en especial de mucho agradecimiento.
La abrazo…
Me separo lentamente para poder verla a los ojos y entonces me conecto, me reconozco, me encuentro, me siento, me escucho y vuelvo abrazarme ahora con más fuerza.
“Tranquila aquí estoy nuevamente, incondicionalmente, cada que lo permitas y lo quieras, aquí estoy para ti”.
Cuan necesario es mirarnos a nosotros mismos y muchas veces no nos vemos.
Hoy con este abrazo me regalo un espacio de apapacho personal, de amor mucho amor por mi misma, de re-conocimiento, seguridad, tranquilidad y paz.
Hoy a través de una meditación me vi a mí un poco abandonada, ansiosa y deseosa de sentirme amada por mí. Ese encuentro me recordó que no hay nadieeeee que no pueda darme lo que yo misma no comienzo a darme, que ese amor propio, esa seguridad personal comienza desde adentro.
Hoy me encontré conmigo y me sentí lejos de gente que amo, lejos de mi optimismo y alegría.
Me encontré de una manera en la que no esperaba y me confronto verme de esa manera, saber que necesito prestar más atención adentro, más citas constantes conmigo, con mi SER, más encuentros contantes para abrazarme, recuperarme y escucharme.